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Morro de Sao Paulo

Las playas son uno de los grandes atractivos de Morro de Sao Paulo, en Brasil

En la isla de Tinharé, que cierra la Bahía de Todos los Santos por el lado sur, se yergue desde 1535 el pueblo de Morro de Sao Paulo. Poco frecuentado todavía por el turismo, y alejado de las luces rutilantes del centro de Salvador, ofrece un despliegue escenográfico difícil de igualar: kilómetros de playas inexploradas, ruinas y fortalezas de la Colonia y buena gastronomía de la tierra. Durante años este paraje estuvo al margen del circuito turístico; hasta aquí solo llegaban hippies, aventureros y algún amante de la historia colonial del Brasil. Los medios de comunicación por entonces veían a Praia do Francés, en Alagoas, y a Porto Seguro como los mejores lugares entre los 7.000 kilómetros de costa de su país; pero la cercanía de Maceió en el primer caso y la llegada del avión en el segundo acabaron por popularizarlos. El año pasado Morro de Sao Paulo fue declarada una de las diez playas más bonitas del Brasil por encuestas especializadas, pero el riesgo de que se masifique todavía sigue distante.

 

¿Donde está Morro de Sao Paulo?

El pueblo está enclavado en la isla de Tinharé, que cierra la Bahía de Todos los Santos por el lado sur. El acceso puede hacerse por todas las vías posibles; por tierra hay que ir hasta Valença para luego embarcarse hasta el Portaló, la antigua entrada al fuerte de Sao Paulo. Desde Salvador llegan regularmente lanchas de pasajeros, y dos compañías de avionetas aterrizan directamente en la isla. Sin embargo, el lugar conserva su condición de aislamiento.

 

Morro de Sao Paulo ciertamente ha cambiado poco desde aquel desembarco de Martim Afonso de Sousa en la isla de Tinharé en 1531. Distante aún de la contaminación y la masificación, el villorio se defiende de los males de los tiempos modernos por la ausencia de rutas y calles para autos: además de la tracción a sangre, lo que aquí predomina es la circulación de tractores con carros para llevar mercancías y pasajeros. Mientras la fuerza de los motores compite con el rumor del mar, las huellas de los enormes neumáticos son lavadas por las olas en creciente.

 

Un pueblo iluminado y religioso

La electricidad llegó a Morro de Sao Paulo en los ultimos veinte años, pero desde 1845 hubo luz espiritual en la Capilla de Nossa Senhora da Luz y en la Iglesia y Convento de Santo Antônio. Curiosamente, los primeros registros históricos marcan la existencia de una capilla del mismo nombre a inicios del siglo XVII, y un mapa de 1759, firmado por João de Abreu e Carvalho, la localiza aproximadamente donde hoy se encuentra el faro. Pero según la fecha que figura en el frontispicio la Iglesia de N. S. da Luz fue construída casi un siglo más tarde, aunque las imágenes sacras y los altares de cedro en estilo barroco pertenecen a la misma época del mapa.

 

El primitivo pueblo de pescadores es ahora un manojo de posadas compitiendo por la mejor vista hacia el mar. El orden espontáneo que marcó el trazado de las calles, con senderos que ascienden el suave declive del morro, se asemeja mucho al de algún pueblo del Mediterráneo europeo. La gran diferencia es el ambiente tropical de estas latitudes, y la elegancia de la gente, que yace más en el porte físico que en la calidad de las vestimentas. Hay una calle principal llamada rua Caminho da Praia, que entre pequeños bares y negocios desemboca en una plaza, a un costado de la cual está la antigua iglesia. La calle continúa hacia la izquierda por el Caminho da Fonte hasta llegar a la fuente que le da nombre, construida por los mismos colonos que levantaron el Fuerte. Por ahí precisamente pasa la mayor parte del movimiento nocturno del Morro, porque aquí cuando el sol cae la fiesta no se agota, como se podría esperar de un lugar tranquilo. La presencia de turistas, además de los propios brasileños urbanos, indujo una movida agitada, ideal para el fervor de la noche tropical. Artesanías, caipirinhas en sus más alocadas variantes, restaurantes españoles e italianos -por supuesto está también la culinaria local-, negocios con la última moda de playa de Rio de Janeiro y personajes para todos los gustos pueblan sus veredas.

 

Playas y comida en Morro de Sao Paulo

El pueblo del Morro de Sao Paulo balconea sobre la playa Primera, acaso como herencia de los soldados que alguna vez habitaron la isla, acostumbrados a enumerar metódicamente todo cuanto los rodeaba. Esta playa es sin dudas la más encantadora, la que diferencia a este paraje del resto de la costa del Estado de Bahía. En su frente de 500 metros se aglutinan las casas con tejados y terrazas devotos del océano abierto.

 

La playa Segunda está separada de la anterior por un peñasco y podría confundirse con cualquier otro centro turístico brasileño, si no fuera por la presencia del faro en lo alto del morro. A pesar del mucho movimiento es un sitio agradable, algo snob, con todos los cuidados que la vida tropical ofrece: agua de coco, cerveza helada, petiscos de pescado fresco, y buenas reposeras para verlo todo suceder. O protagonizarlo. A la hora de las comidas la Segunda es muy indicada para saborear los platos regionales bahianos. En la Pousada Villa das Pedras, frente al mar, se sirve Muqueca de Camarón, acompañada por arroz y una crema hecha con aceite de Dendé y harina de mandioca. El plato consiste en filetes de camarón, cocinados con el mismo aceite entre ajíes y cebolla. Una delicia.

 

La playa Tercera tiene dos tramos bien diferenciados: el inmediato a la Segunda está repleto de barcitos y posadas, que durante la marea alta quedan arrinconados contra la isla. El que continúa es pura arena y mar sin infraestructuras, simplemente un final arenoso para las fazendas, y también desaparece con la creciente del mar. Enfrente está la Ilha dos Amores, desde donde se accede a apacibles piscinas naturales.

 

Al final, sorteando los manglares, se llega a la Cuarta Playa, que es la más larga. Tiene un bar al principio y una isla llamada Caita, y unos metros más allá se transforma en arena desierta, desolada y soleada para los que quieren estar solos o sin ropas. Esta playa longilínea solo se ve interrumpida por una pequeña villa de pescadores con una ensenada fantástica, llamada Garapuá. Si se continua bordeando las plantaciones, se arriba al río que separa la isla de Tinharé de la isla de Boipeba, localidad en la que se halla otra playa imperdible. Queda por descubrir otra playa más todavía, pequeña e intermitente, que sólo aparece cuando la marea baja desnuda entre las piedras una franja de arena frente al Forte da Ponta.

 

El Fuerte y su historia en Morro

La construcción del Fuerte se inició en 1630 bajo las órdenes del Gobernador General Diego Luiz de Oliveira, con el fin de proteger a la bahía de navíos enemigos en la llamada “barra falsa da Baía de Todos os Santos”, entrada estratégica para el Canal de Itaparica hasta el Fuerte de Santo Antônio, donde hoy se encuentra el Farol da Barra de la ciudad de Salvador. En su momento fue uno de los mayores conjuntos defensivos del Brasil. De aquellos tiempos la Fortaleza de Morro de São Paulo conserva casi 700 metros de su cortina de murallas y ruinas, hoy convertidas en Patrimonio Histórico Nacional.

 

En 1728 Don Vasco Fernandes Cesar de Menezes, Conde de Sabugosa, inició las obras de ampliación del primitivo Fuerte Viejo. Su trabajo quedó inaugurado con éxito poco después, cuando los portugueses vencieron al almirante francés Villegaignon. Hoy los visitantes recorren las murallas hasta la punta para ver el atardecer, en un paseo clásico de Morro de Sao Paulo. Si hay suerte habrá una presentación extra, la aparición de los delfines, a los que los brasileños llaman “golfinhos”. Otro atractivo más de este lugar agreste y encantado, que por cierto, no son pocos.

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En: Brasil
Fecha: abr 24,2013

Me llamo Álvaro y soy el creador del foroblog de viajes y migraciones . Soy un viajero apasionado que reside en S.Domingo, Rep.Dominicana. Vidaemigrante surge como nexo de unión para aquellos que desean emigrar o trabajar en el extranjero.

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